España fue pionera en traspasar fronteras y conquistar el título lejos del viejo continente. La idea de hacerlo en América resulta aún más seductora: esa gloria podría estar reservada a Alemania. Quien si no. El último escollo germano será Argentina, su antítesis en esta Copa del Mundo.

Aunque se fueron quedando por el camino, el Mundial de Brasil ha tenido un claro carácter suramericano. Colombia, Chile, México, Estados Unidos, Uruguay e incluso Costa Rica amenazaron con asaltar el trono, pero finalmente carecieron de ese gen competitivo de los que ya poseen, al menos, una estrella. La final sí nos reservará un duelo Europa-América, quizá con los papeles cambiados respecto a otras épocas, pero un duelo de estilos al fin y al cabo. El juego coral de Alemania y la fe ciega en Messi de los argentinos, al que siempre rezan por más que no esté. Y, en este Mundial, salvo en un par de instantes en la primera fase, no ha estado. De ahí la fe y los rezos, claro.

Tengo la impresión de que una victoria alemana sería la mejor noticia para el fútbol. Nada como el éxito para dar la razón a una idea. Pero tampoco me parece desdeñable la pasión argentina y su convicción para llegar hasta donde no le alcanza el fútbol. Porque de fútbol han andado más bien escasos en este Mundial. De esperanza, sin embargo, han ido sobrados. En todo caso, habrá merecido la pena vivirlo en Brasil, donde este deporte alcanza su máxima expresión.