Río de Janeiro es una ciudad plagada de lugares emblemáticos, sitios que nos resultan tan familiares como la panadería de la esquina. Luego, cada uno se los imagina a su manera (prefiero no contar cómo visualizaba yo el Pan de Azúcar). Pero, además, tiene rincones mágicos, ocultos a los ojos del turista, de los que conviene no hablar demasiado no sea que pierdan su misterio. Sin embargo, en el video os enseñaré uno de esos rincones.

Se trata del barrio de Urca, al que inevitablemente irás cuando visites el Pan de Azúcar. La cuestión aquí es no limitarse a subir al teleférico, pasear por el morro y volver al hotel. Mi consejo es que, una vez abajo, andes un par de calles hasta alcanzar la Avenida de Portugal y enfiles el puerto. Entrarás en una zona residencial (dicen que una de las más seguras de la ciudad) que te atrapará durante el resto del día. El plan es muy simple: caminar por el paseo junto a la bahía, detenerse en la Playa de Urca y mojarse los pies en la orilla (o echar una pachanga, hay un par de porterías) y retomar el paseo hasta el Bar Urca. Comer allí, sentado en el muro de cara al mar, visitar la Fortaleza de São João (no es imprescindible) y dejarte hipnotizar por la puesta de sol. No necesitarás mucho más para ser feliz en Río.