El paso de la Copa del Mundo me empezaba a pesar en las piernas y, en lugar de coger el metro (5 paradas desde Cinelandia a Botafogo), decidí ir en taxi. Pedí uno en la recepción del hotel, acordé el precio con el conductor y, en un periquete, me encontraba a los pies del Pan de Azúcar. Un trayecto rápido y amenizado por las explicaciones del taxista, que me dio un auténtico clinic de la ciudad (tengo pendiente hacer un vídeo, ya veréis). Y yo a él una pequeña propina (diminuta en relación a la información que recibí). Allí estaba, a las once de la mañana, ansioso por satisfacer dos de mis grandes pasiones: contemplar una gran ciudad vista desde las alturas y que esa ciudad fuera Rio de Janeiro, que a esas alturas ya se había convirtido en una gran pasión para mí. Así que se me hacían los dedos huéspedes por comprar la entrada y subirme al teleférico que, por otra parte, me provocaba cierto cosquilleo en el estómago (sobre todo recordando la escena de Moonraker en la que el 007 Roger Moore está a punto de irse a pique). En el Pan de Azúcar, además, hay que subirse a dos bondinhos, o sea, teleféricos. Tres minutos por trayecto, lo que multiplicado por cuatro trayectos (dos de ida y dos de vuelta) da un total 12 minutos de cosquilleo. Y tengo que decir que se me hicieron cortos.

 

Subida al Pan de Azúcar
La entrada al Pan de Azúcar se encuentra junto a la Playa Vermelha. El primer bondinho sube al Cerro de Urca.

 

EL CERRO DE URCA, PRIMERA PARADA

Hablando de minutos, no tardé más de 25 desde que me dejó el taxi, grabé un par de planos e hice la entradilla para el vídeo (mejor dicho, las entradillas, no vayáis a pensar que me salió a la primera), compré la entrada, hice las colas pertinentes (al menos tres) y me subí al primer bondinho, o sea, al teleférico. La primera parada se hace en el Cerro de Urca (abajo está el barrio de Urca, una joya). Allí tendrás una vista panorámica desde 220 metros de altura, además de un restaurante y la opción de dar un paseo en helicóptero por la ciudad. Tras un par de vueltas de reconocimiento y más entradillas, afronté la subida definitiva.

 

Subida al Pan de Azúcar
En el Pan de Azúcar, la vista es más espectacular. De un vistazo verás Copacabana y la ciudad esparcida entre los morros.

 

LA NIEBLA ACECHA EN EL PAN DE AZÚCAR

Esperé otra cola y, en un visto y no visto, alcancé los 396 metros del Pan de Azúcar, donde la perspectiva de la ciudad es aún más espectacular y menos detallista que la del Cerro de Urca. Cuestión de altura. Ganas perspectiva y también cercanía con las nubes. De hecho, cuando apenas llevaba media hora allí arriba, nos cubrió por completo una masa gris y todo se oscureció a nuestro alrededor. La niebla nos impedía ver a más de medio metro, así que aproveché la coyuntura para preguntar a un aficionado colombiano si veía así de negro ganar el Mundial (otra cosa no, pero soy un periodista sagaz), hice las últimas entradillas y me fui para abajo. En total, 2 horas y 45′ de disfrute máximo en las alturas. ¡Qué gran ciudad es Rio!