Serás afortunado si visitas una ciudad y cuentas con un guía local. Yo tuve esa suerte en Nápoles, donde Achille, amigo de Juan Castro, nos preparó un maravilloso plan de sábado por la tarde. Ese mediodía salimos del hotel y cruzamos Spaccanapoli por Via Tribunali, bajamos por Via Toledo y llegamos a la Plaza del Plebiscito (con paradas en la Galería Umberto I y el Teatro San Carlos). Antes, nos habíamos encontrado con Pepe Reina, quien había citado a Juan poco antes de entrar a comer. El portero español del SSC Napoli nos confesó su amor por la ciudad y nos recomendó subir a conocer el barrio de Vomero. Y no pusimos ni una sola objeción.

 

Barrio de Chiaia con Vomero al fondo (Nápoles)
Desde Chiaia se tiene esta visión del barrio de Vomero, en lo alto de la colina.

 

FUNICULAR DE CHIAIA

Continuamos nuestra ruta junto al mar por la Vía Partenope, que pasa frente al Castell dell’Ovo, y nos adentramos en el exclusivo barrio de Chiaia antes de coger el funicular rumbo a Vomero (en la estación Napoli Piazza Amedeo). Este barrio se encuentra en una colina, fuera del caótico y pasional Nápoles, al que mira con espíritu burgués y cierto aire de superioridad, como si el Vesubio no le impusiera el mismo respeto que al resto. En Piazza Fuga nos esperaba Aquille, con un plan perfectamente trazado: primero nos seduciría por el estómago (ya os he hablado del café espresso y los sfogliatelle), nos asediaría en San Martino y nos asestaría el golpe de gracia en el barrio de Posillipo.

 

Vista desde San Martino (Nápoles)
Desde San Martino, la vista de Nápoles es maravillosa.

 

LAS MEJORES VISTAS DEL GOLFO DE NÁPOLES

Por suerte, Achille llegó motorizado y, en su pequeño utilitario, ahorramos tiempo y preocupaciones para hallar las rutas adecuadas. San Martino fue la primera parada, y allí me recreé de lo lindo. No podía dejar de mirar a un lado y a otro, sobre todo desde el Castillo de San Telmo, donde se tiene una vista completa del Golfo de Nápoles. La presencia del Vesubio intimida, y uno se siente constantemente vigilado. ¿Cómo será vivir con una amenaza así? No paraba de preguntármelo mientras miraba hacia abajo, oteando el puerto como primera válvula de escape. Achille nos explicó el significado de Spaccanapoli, el decumano mayor, el superior y el inferior (se trata de una calle trazada por los griegos que divide Nápoles), nos enseñó la Cartuja y el Castillo de San Telmo.

 

El estadio San Paolo desde Posillipo (Nápoles)
Posillipo es un barrio residencial de Nápoles con este vista privilegiada de San Paolo.

 

PUESTA DE SOL EN POSILLIPO 

Como no dábamos indicios de querer movernos de allí, Achille nos convenció con una frase implacable: «vámonos ya si no os queréis perder el barrio donde vivió Maradona». Y no, no queríamos. Nuestro amigo napolitano había reservado el atardecer para aquel maravilloso lugar, frente a la Isla de Nisida (con Proceda e Isquia al fondo) y el estadio de San Paolo a nuestra espalda. Fue un momento realmente evocador. Sentí una paz intensa, como sólo se puede hallar en una ciudad tan viva como Nápoles.

 

Atardece en Posillipo (Nápoles)
El trío futbolero con Nisida, Procida e Ischia al fondo.