Siempre fue mi asignatura pendiente. Y, cuando las máquinas empezaron a derribar La Catedral, se me quedó esa cara que a todos se nos queda cuando estás celebrando la victoria de tu equipo y Sergio Ramos marca en el minuto 93. Sabes que ya no hay nada que hacer. Así que decidí que uno de los primeros destinos en esta nueva etapa de Viajes Futboleros sería Bilbao. Y, de hecho, fue el primero. Para este viaje no sólo me movió conocer San Mamés. Bilbao es una ciudad que gana con los años y me apetecía redescubrirla después de una primera visita que apenas recuerdo. Pero admito que el nuevo estadio (esto no se lo digáis a Marta) tuvo mucho que ver en la decisión.

 

San Mamés (Bilbao), estadio del Athletic Club
Mi reacción al ver por primera vez el nuevo San Mamés. ¡Ya era hora de que nos conociéramos!

 

PRIMERA TOMA DE CONTACTO CON SAN MAMÉS

El Athletic-Real Sociedad fue el domingo a una hora inusual (16:15), pero al ambiente previo al derbi vasco no desmereció. Nosotros llegamos a Bilbao el viernes y aprovechamos la tarde para merendar en la pastelería Don Manuel, conocer el Centro Azkuna y recoger los abonos que hicieron posible nuestra presencia en San Mamés. Gracias a mi amigo Kepa, que ese fin de semana se fue a coger setas a Burgos, pude asistir al derbi. Unos días antes traté de comprar las entradas a través de la web de la Athletic Club, pero me resultó imposible. El día que salieron a la venta me vi incapaz de encontrar dos localidades juntas. En las zonas VIP había para dar y regalar, pero no era esa mi intención. Así que el viernes por la tarde me acerqué al bar Txelus, que fue donde se produjo la entrega (está junto a San Mamés y hay un ambientazo los días de partido) y aproveché para echar el primer vistazo al estadio. Un bis a bis en la intimidad.

 

San Mamés (Bilbao), estadio del Athletic Club
La visión que tenía desde mi localidad. Lleno para vivir el derbi en San Mamés, un estadio con una simetría perfecta.

 

ENTRADAS EN TAQUILLA

El día del derbi todo cambia. La afición llega mezclada en oleadas desde la calle Pozas, se detiene en la explanada donde se levantaba el viejo San Mamés a escuchar canciones en euskera sobre ambos equipos (ejemplo de concordia) y se pierde en la tienda oficial (lo de perderse es literal, la tienda es gigante). Me acerqué a las taquillas a echar un vistazo y me fijé en que aún quedaban entradas, así que intuyo que es más fácil conseguirlas el día del partido (con el riesgo que eso supone) que adquirirlas por internet. La venta online es, en mi opinión, un servicio que los clubes deberían seguir afinando con ayuda, eso sí, de La Liga, sobre todo en lo referente a las fechas y los horarios. En España resulta muy complicado organizar un viaje futbolero sin caminar sobre el alambre.

 

San Mamés (Bilbao), estadio del Athletic Club
Tras el partido me quedé en el estadio posando para las cámaras ;p (hasta que la seguridad me pidió que desalojara)