Os voy a contar el extraño caso de El Clásico en el Santiago Bernabéu. Pero antes, echemos la vista atrás. Es evidente que el fútbol ha cambiado. Casi nada tiene que ver con el espectáculo que recordamos de niños. Yo he tenido la suerte de vivir varios derbis en el Bernabéu. Mi tío era socio del Atleti y tenía la sana costumbre de llevar a sus sobrinos al fútbol. Recuerdo especialmente dos de aquellos duelos. Tenía once años y, a esa edad, hay recuerdos que no se borran. En uno de los derbis llovía a cántaros. Recuerdo estar sentado en la tribuna, en unos bancos de piedra parecidos a los que tuvo el Calderón durante muchos años, aguantando el chaparrón. A mi lado, un señor sostenía un paraguas con la mirada perdida en el césped. No recuerdo el resultado, pero sí que el Atleti le dio un agua al Madrid. Tampoco puedo asegurar que hubiera muchos más aficionados a nuestro alrededor. Aquel señor no se movió hasta que el árbitro pitó el final. Aguantó estoicamente el aguacero, sin apartar la vista del césped. Podría haberse levantado a por palomitas, o mirar su cuenta de Twitter en un smartphone, pero no hizo nada de aquello, claro.

 

El Clásico en el Santiago Bernabéu (Madrid)
Los alrededores del Santiago Bernabéu una hora antes de El Clásico.

 

AQUEL OSCURO CORREDOR

Tampoco olvido un derbi que terminó 0-3. En aquel Atleti ya jugaba Schuster junto a Futre, Manolo, Rodax… Pero mis recuerdos no son tanto del partido como del lugar desde donde lo vi. Yo estaba en la parte más alta. Entonces, el Bernabéu aún tenía dos anfiteatros y entre la última grada y la cubierta había una especie de galería. Era oscura y unos barrotes separaban el corredor de los asientos. Te sentías encarcelado. Por suerte, había una especie de escalón en el que pude sentarme. Aún me pregunto qué era aquello y cómo terminamos allí mi hermano y yo.

 

El Clásico en el Santiago Bernabéu (Madrid)
Nunca vi tantas camisetas del Barcelona en un clásico en el Bernabéu.

 

¿EN QUÉ SE HA CONVERTIDO ESTO?

Estos recuerdos se me vinieron a la cabeza en el último Clásico. Nada tuvo que ver con lo que viví entonces. El Santiago Bernabéu es ahora un estadio completamente distinto —si quieres conocer el estadio, aquí puedes comprar entradas para hacer el Tour del Bernabéu—. Todo está orientado al consumo y a la comodidad del espectador. Ha desaparecido el gallinero y hay galerías que, en lugar de corredores carcelarios, asemejan la entrada de unos cines de última generación. Ha cambiado hasta tal punto que, tres horas antes del partido, los alrededores del estadio estaban atiborrados de camisetas azulgrana, casi tantas como del Real Madrid. Y, en la grada, la mezcla de aficionados era evidente. La atmósfera que rodeó el partido también resultó extraña: poca o ninguna animación local, fans árabes, indios y japoneses por todas partes, más preocupados por mirar su smartphone que de atender a lo que sucedía en el césped. ¡Incluso vi a un espectador celebrar el gol de James Rodríguez agitando una bufanda del Barcelona! Un ejemplo de cómo ha evolucionado todo. En algún caso, para mal.