Entre el 16 y el 25 de junio de 1982 El Molinón acogió los tres partidos de la selección alemana en la primera fase del Mundial de España. Para la ocasión, su aforo se amplió hasta los 45.000 espectadores, de los que poco más de 16.000 eran sentados. La última remodelación ha reducido su capacidad a 30.000 asientos, pero el recinto ha ganado en confort y funcionalidad sin perder, y ese es su gran atractivo, el aroma tradicional que lo asemeja a un clásico estadio inglés.

Esa es la sensación que tuve cuando lo conocí aquel verano. Era un día soleado y caluroso, pero me trasladé a un domingo lluvioso del mes de diciembre y sentí que se trataba de un lugar especial. Será porque su primer partido data de 1908, lo que le otorga el honor de ser el estadio más antiguo del fútbol español. Ahora, sin embargo, ha superado con holgura el nuevo siglo. Su aspecto actual bien merece una visita (incluida la estatua de Manolo Preciado, para los sportinguistas #EternoPreciado). Sin duda, uno de mis estadios favoritos de La Liga.

 

LOS PIES TE LLEVARÁN A EL MOLINÓN

Te propongo un plan si vas a Gijón un fin de semana. Por la mañana puedes visitar la escultura de Eduardo Chillida ‘Elogio del Horizonte’ en el cerro de Santa Catalina, comer en cualquiera de las sidrerías del barrio de Cimadevilla en la misma península (por supuerto, prueba el Cachopo), recorrer el paseo marítimo para bajar la comida y cruzar el Parque de Isabel la Católica. Sin darte cuenta estarás a las puertas de El Molinón. Si tienes suerte encontrarás alguna de ellas entreabierta, podrás asomarte y respirar el viejo aroma del moderno El Molinón.

 

UN PEDAZO DE RÍO DE JANEIRO EN ASTURIAS

Si estás al menos tres días en Gijón te aconsejaría un par de cosas: comer en el puerto de Tazones (al bajar la calle principal, el último restaurante a la izquierda –así me lo explicaron a mí– llamado el Rompeolas, como nos apunta Paula Fernández –@PaulaFotorama en Twitter–), dar una vuelta por el Cabo de Peñas (si tienes suerte y no hay niebla disfrutarás de una vista y un entorno espectacular) y pasear por alguna de las playas que encontrarás hacia el oeste; y, si te gusta la arquitectura moderna, visitar el Centro Niemeyer en Avilés. Sentirás que un pedazo de Río de Janeiro ha viajado a Asturias.